Encuentro con el Papa en Madrid
Este fin de semana, los días 6 y 7 de junio, viajamos a Madrid con la diócesis para ver al Papa León XIV. El viaje, organizado por la Delegación de Juventud, lo hemos hecho el Seminario Mayor y Menor conjuntamente. El plan ha sido exprés, y exigente a nivel físico, pero sin duda ha merecido la pena.

Salimos a las 6.00 del Seminario, caminando hasta la rotonda de Fuente Olletas, donde nos recogería el autobús número 6, que venía ya medio lleno. Sobre las 6.30 ya nos desplazábamos rumbo a Madrid. Nos esperaba un rato largo antes de llegar a nuestro destino y aprovechamos algunos para dormir, otros para hablar y como no para conocer gente nueva. También rezamos las laudes y algunos se animaron a rezar el Rosario. A medio camino paramos en una estación de servicio donde pudimos ver al resto de jóvenes que venían de la diócesis, que se habían desplazado en otros autobuses desde diferentes puntos de Málaga. Saludamos a viejos conocidos, desayunamos un poquito y reanudamos la marcha.
Las horas antes de llegar a Madrid las pasamos jugando, cantando e incluso alguno se animó a contar chistes (con más o menos éxito entre los pasajeros, jeje). Finalmente, alrededor de la 13.30 llegamos a nuestro destino en Madrid, un barrio llamado Valdecarros, situado en el sureste de la capital. Allí se quedarían los autobuses esperándonos hasta el día siguiente para volver a Málaga.
Nada más bajarnos del autobús empezamos, junto con los jóvenes de la diócesis, nuestra marcha hacia la plaza de Lima, donde iba a tener lugar la Vigilia del Papa. Primero un trayecto en metro de casi una hora. Cogimos la línea 1, desde Valdecarros hasta la parada de Cuatro caminos, desde donde empezamos a andar. Llegar hasta la zona de acceso de nuestro sector no fue sencillo: Madrid estaba hasta arriba de gente, y lógicamente, por la magnitud del evento, había muchas calles cortadas y era preciso dar muchos rodeos. Aunque llegamos un poco antes de la hora prevista para la apertura del acceso a la plaza, tuvimos que esperar hasta dos horas para entrar, en mitad de todo el mogollón. Ahí aprovechamos para comer, sentarnos donde pudimos, y charlar con la gente. La espera fue cansada, pero el ambiente fue muy bueno, porque los grupos cantaban y los ánimos subían cada vez más, siendo conscientes de que dentro de muy poco íbamos a ver al Papa León.


Por fin pudimos acceder a nuestra zona, el sector C2. Allí no se veía a penas el escenario, pero teníamos una pantalla muy grande donde verlo todo. Todos los que fuimos de la diócesis de Málaga estábamos por allí, junto con grupos de Valencia, Cuenca, Bilbao, Toledo… De toda España, en definitiva. La previa de la vigilia estuvo muy bien organizada. Primero tocaron varios grupos de música, y luego se rezó un Rosario que iba alternando testimonios: todo muy bien hilado. Cuando terminó el Rosario se anunció que el Papa estaba llegando ya en el papamóvil. Tuvimos la suerte de verle muy cerquita porque nuestro sector lindaba con la carretera de acceso que utilizó el Papa hasta llegar al escenario. Y el resto de la vigilia ya se sabe: primero charla con unos jóvenes y luego la adoración al Santísimo, momento culmen de la noche. Ver a medio millón de personas en silencio y arrodilladas delante del Señor es algo indescriptible. A todos nos tocó especialmente este momento.



Después de la bendición, el Papa se despidió de nosotros y hubo un rato de concierto, del que nos fuimos ya sobre las 22.30, poniendo rumbo a un colegio donde pasaríamos la noche. La llegada hasta el colegio duró un rato largo, pero por el camino fuimos hablando, cambiando impresiones sobre lo que habíamos vivido. Llegamos sobre la 1.00 al colegio de los Salesianos de Atocha, donde nos esperaba una pista de fútbol para dormir. Echamos rápidamente nuestras esterillas, fuimos al baño, nos aseamos… Había también una capilla donde estaba el Santísimo expuesto y muchos sacerdotes confesando. Alguno aprovechó para pasar un rato con el Señor y luego irse a dormir. En el colegio seríamos en total unas mil personas, provenientes de Málaga, Granada, Logroño y más partes de España.


Dormimos lo que pudimos, y a las 5.30 nos pusimos en pie para desplazarnos al siguiente evento central de nuestro viaje: la Misa en la plaza Cibeles presidida por el Papa. La caminata y la espera hasta el sector que nos asignaron fue mucho más amena que la del día anterior. Sobre las 8.00 ya estábamos ubicados en nuestra zona, el sector Y10, muy alejado del altar pero con amplia sombra. Esto lo agradecimos muchísimo. También estábamos al lado de la carretera por donde pasó el Papa León para la celebración de la Eucaristía. Lo vimos pasar otra vez, en esta ocasión más cerca y mejor que el día anterior.
La Misa comenzó a las 10.00. Fue preciosa, y aunque no sea veía el altar desde nuestro sector, la pantalla cumplió bien su cometido. La vimos y la escuchamos perfectamente. En la homilía, coincidiendo con la festividad del Corpus Christi, nos llevamos una gran alegría cuando el Santo Padre mencionó al fundador de nuestro Seminario, san Manuel González, quien fue obispo de Málaga. Fue un detalle que nos hizo mucha ilusión. Terminada la liturgia Eucarística algunos de nuestros compañeros del Seminario Mayor tuvieron la suerte de poder repartir la comunión.
Después de comulgar comenzó la procesión del Corpus, que vimos tan solo un rato, puesto que convenía ir moviéndonos hacia Valdecarros, ya que la aglomeración iba a ser tremenda tras terminar la procesión, y esto podía ralentizarnos mucho. La vuelta fue también muy tranquila, y pudimos subirnos a la línea 1 del metro con bastante holgura. Llegamos a Valdecarros justo 24 horas despúes de cuando lo dejamos, sobre la 13.30. Ahí comimos, y poco después subimos al bus, después de que llegasen el resto de compañeros que faltaban por llegar. A las 15.30 salía el autobús rumbo a Málaga.

El viaje de vuelta fue tranquilo y más silencioso que el de ida. La mayoría aprovechó para dormir y reponer fuerzas. También hicimos una parada a medio camino, donde alguno se refrescó y se tomo un helado -hacía bastante calor -. También charlamos largo y tendido, y llegamos finalmente a fuente Olletas a las 21.30 de la noche.
Ha sido una experiencia sencillamente inolvidable. Estar con el Papa, oír sus palabras de ánimo, de confianza hacia los jóvenes, su vitalidad… Se trata de un momento único, que nos ha ayudado a nivel personal y comunitario: ver al sucesor de Pedro y escucharle nos ayuda a confirmar nuestra fe individual y también colectiva, oriéntandola hacia su centro: el mismo Cristo, presente en la Palabra y en la Eucaristía. También nos ha marcado ver la fe de tantos jóvenes, adultos, sacerdotes, religiosos y religiosas que como nosotros se han desplazado a Madrid. Algunos de los muchachos son los únicos jóvenes en sus comunidades parroquiales, y poder ver a tanta gente reunida entorno a Jesucristo y su Vicario es sin duda un impulso para su experiencia cristiana.

¡En definitiva! Ha sido un evento eclesial histórico, para nosotros y toda la Iglesia española. Poder asistir a esta cita como Seminario y como diócesis ha sido un regalo del Señor, un recuerdo imborrable.
¡Gracias, Santo Padre!

