Seminario Menor – Alza los ojos y mira la estrella que nos guía
Este fin de semana, del 12 al 14 de diciembre, tuvimos convivencia del Seminario Menor, a la que asistieron también los chicos de los encuentros de Samuel, los días 13 y 14 de diciembre.

Ha sido una convivencia muy completa, centrada en el Adviento, pero muy navideña también por la proximidad del nacimiento del Señor, para el cual queda ya muy poquito. Esta vez el lema que nos ha acompañado ha sido “Alza los ojos y mira… la estrella que nos guía”.
El viernes llegaron los chicos del Seminario Menor, y después de un rato de juegos y la cena, tuvimos un largo rato de oración con el Santísimo expuesto, antes de irnos a dormir.

El sábado, después de la oración de la mañana, llegaron los samueles, y después de una breve dinámica de presentación, tuvimos la catequesis, que se centró en este tiempo de Adviento que estamos viviendo. A través del profeta Isaías y del pasaje de Mateo que narra la adoración de los Reyes Magos a Jesús, descubrimos que el Adviento se caracteriza por la esperanza que supone la llegada de Dios a nuestras vidas, y, a través de los distintos personajes que nos muestran las Sagradas Escrituras, vimos qué actitudes son esenciales para propiciar esa venida del Señor.
Después de la catequesis tuvimos una gymkana, y al finalizar esta pudimos celebrar la Eucaristía. Por la tarde vinieron Isa Téllez (trabajadora social de Cáritas) y Rita María (misionera eucarística de Nazaret) a hacer unos talleres con nosotros. Los mayores tuvieron el taller con Isa, que, mediante su testimonio e itinerario de vida, les hizo reflexionar en torno a cómo Dios actúa en cada uno de nosotros, a través de personas y sucesos en lo ordinario. Los pequeños estuvieron con Rita, que les enseñó a hacer galletas de navidad. En la merienda pudimos probarlas junto con un chocolate caliente.







Por la tarde fuimos a visitar los belenes de la Catedral y la cofradía de Estudiantes. A la vuelta estuvimos cantando villancicos, y los chicos repartieron estrellas adhesivas a la gente que estaba paseando por la calle, deseándoles una feliz Navidad. Fue un momento de testimonio importante, donde los chicos disfrutaron y aprendieron. A veces un gesto tan pequeño como este puede ser suficiente para sembrar la esperanza que Dios nos regala. Sin duda mereció la pena.


El domingo, después de la oración de la mañana y un rato de deporte, tuvimos tras el almuerzo la Misa con las familias.

En esta ocasión, al igual que en la convivencia pasada, uno de los chavales del Seminario Menor nos va a compartir su experiencia del fin de semana. Se llama Abel, y lleva también bastantes convivencias – ¡años! – viniendo al Seminario Menor.

¿Qué cosas crees que has aprendido?
En esta convivencia he aprendido que, como hicieron los magos de oriente, si seguimos la estrella que nos lleva a Jesús tendremos una vida feliz. En la dinámica social que hicimos de repartir estrellas he entendido la importancia de alzar los ojos y mirar, tal y como Dios le dijo a Abraham. Me di cuenta de que andamos en la vida con la cabeza agachada y pensando en las preocupaciones de la rutina, pero cuando sales de esa preocupación y alzas los ojos conoces a personas que de normal hubieran sido un extraño más.
¿Qué momento destacarías y por qué?
Destacaría la velada. Consistió en que los pequeños debían buscar a los magos –monitores disfrazados – y nosotros, los seminaristas menores, teníamos que pillarles para que no lo hicieran. Ha sido un gran momento porque, aparte de la diversión, me ha parecido bonito ver a los niños corriendo para encontrar a los reyes, viendo en parte reflejada esa ilusión por la Navidad.
¿En qué persona o situación has visto a Dios más reflejado?
He visto a Dios reflejado en una mujer necesitada, que vive en la calle. Cuando fuimos al centro a ver belenes, antes de entrar en la Catedral, nos encontramos con una mujer que gritaba pidiendo ayuda. Lo emocionante fue cuando los monitores le dieron un poco del dinero que llevaban encima. También aprovechamos para felicitarle la Navidad. La mujer estaba muy emocionada y agradecida.
¿Qué le dirías a un chico que se esté pensando venir al Seminario Menor?
Le diría que es una experiencia divertida y de convivencia, pero a su vez de encuentro con Dios. En ella aprendemos cosas que no se aprenden fácilmente y hay siempre un clima de cariño y alegría.

